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FOSFENISMO y CRISTALES DE NIEVE



El Fosfenismo permite desarrollar prioritariamente aquello hacia lo que el individuo tiende, extrayendo lo mejor de cada uno, con una originalidad armoniosa que se manifiesta por una gran creatividad. Los individuos se parecen a los cristales de nieve en que no hay dos iguales, a pesar de que todos los ángulos sean de sesenta grados. Por lo tanto, existe una relación entre lo colectivo y lo individual. El aspecto colectivo está representado por el ángulo de sesenta grados, como en todos los cristales de nieve, pero esto no impide que cada cristal tenga su forma y su armonía propias, lo que corresponde al aspecto individual. El Fosfenismo respeta la estructura colectiva al mismo tiempo que desarrolla las tendencias individuales. El método es el mismo para todos, la mezcla entre el pensamiento y el fosfeno, pero el resultado es completamente individual. Ayuda a desarrollar lo mejor de cada uno y a desarrollar una originalidad armoniosa que se llama, en este ámbito de la existencia, creatividad.


Dr. Francis Lefebure


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Desde el origen de los tiempos el hombre ha buscado la luz, se ha rodeado de luz, ha intentado ser luz, tener dar y recibir luz, su luz interior la luz del alma, la luz que le guía, la luz que le nutre la luz que le reconforta, la humanidad de hecho, ha basado toda su evolución espiritual en conceptos vinculados a la luz.

Todas las religiones todas las iniciaciones todos los ritos de expansión de la conciencia han utilizado la luz como eje vertebrador de sus enseñanzas que, además, indefectiblemente se dirigen hacia la luz primordial y que según ellos alumbra su camino y su devenir.

Un hito sin precedentes en la historia de la humanidad es el descubrimiento del fuego, el fuego permite al hombre calentarse, cocinar los alimentos, ahuyentar a los animales etc. etc. en ese momento no existe alrededor del fuego ninguna liturgia, ninguna poesía, ninguna manipulación del concepto inherente a la palabra fuego, es decir la luz. Efectivamente, hablar de fuego es hablar de luz pero en esa época primigenia esa luz recién descubierta debía ser vigilada sin cesar, que ese don divino acabado de descubrir desaparecieran súbitamente por un descuido… perderla debió ser catastrófico y probablemente en alguna ocasión así sucedió. Siempre, en todo momento en toda circunstancia, el fuego debía estar vigilado, la supervivencia del grupo dependía del cuidado con que esa vigilancia se efectuará. El personaje encargado de vigilar el fuego, es decir, la luz, acabó convirtiéndose en el chamán del grupo, en el personaje más importante, en ese tipo de sociedades un sujeto que no sólo atesoraba el poder de la sanación o el poder de la videncia, también ostentaba el liderazgo político del grupo, en definitiva el chamán, el custodio del fuego, era el ser más preeminente de esas sociedades primitivas.


Fosfenismo y sol




El clan, el grupo, no hacía más que ser guiado por un observador de la luz, por un guardián del fuego. A partir de ese momento todos los ritos todas las iniciaciones todas las religiones se han basado en esa observación de la luz, cuando decimos todas queremos decir todas. La necesidad de liderazgo, de distinción, de poder, a lo largo de la historia, ha hecho que los personajes que antaño controlaron la ciencia de la luz no explicaran los secretos de la misma más que a un reducido grupo para así, alrededor del misterio, edificar imperios. En ocasiones es difícil, si no se tiene la información, darse cuenta de este denominador común presente en todos los procesos de activación psicológica y espiritual, por ejemplo, cuando hablamos de la luz hablamos del sol, del cielo luminoso, de los reflejos del sol en el agua o también en cualquier superficie pulida, de la observación de las estrellas, de la observación de la luna, de los ejercicios de fijación de la mirada en una vela etc. etc. etc. de un modo o de otro siempre se ha procurado mirar la luz.

Alexandra David-Neel fue una reconocida investigadora de los ejercicios que se realizaban en el Tíbet, ella descubrió que había un grueso secreto y custodiado libro que explicaba cómo interpretar los signos que aparecen cuando se observa fijamente el sol. El emperador romano Juliano, (llamado el apóstata, el que reniega de su fe) llegó a ordenar a sus soldados rezar mirando fijamente al sol (la observación fija apenas dura dos o tres segundos), fue uno de los muchos que fueron iniciados en el culto solar de la religión de Mitra.

Imagina que a Dios como una luz en la luz es una frase importante en el Corán. Los incas rezaban mirando el sol. En Fátima 70.000 personas vieron bailar, temblar y oscurecerse el sol, así pues 70.000 personas miraron al sol. En Saint-Paul-d’Espis (Tarn y Garona, Francia), en 1947, se produjeron cuatro «prodigios solares» parecidos a los de Fátima delante de varios centenares de personas. La Iglesia prohibió a los fieles y al clero publicar cualquier cosa referente a esas «danzas del sol». La razón de esta prohibición es clara: como el comienzo y el desarrollo eran parecidos a los de Fátima, y también a los de Tilly-sur-Seulles (Calvados, Francia) hacia 1900, habría resultado evidente, al compararlos, que lo que ocurrió en Fátima no fue una «suspensión de las leyes naturales» sino un fenómeno científico estudiable. Etimológicamente la palabra adoración proviene del latín adorâre que quiere decir rezar, de modo que, cuando se habla de adorar al sol se está hablando de rezar mirando fijamente el sol como hacen los zoroástricos. La definición de la palabra «mago», según los diccionarios, es sacerdote de Zaratustra... Los taoístas fueron perseguidos por explicar los secretos de sus señores, ellos practicaban observaciones fijas del reflejo del sol en un espejo y de los reflejos de la luna sobre una concha muy pulida. Los cátaros rezaban mirando fijamente el sol, porque según decían Cristo así lo había enseñado. Su refugio, el castillo de Montsegur, fue construido como un templo solar. La luz impulsa hacia el bien, Manès, (Les cathares de Montségur, Fernand Niel, Ed. Berghers), por eso había ordenado a los maniqueos que rezaran siete veces al día mirando fijamente el sol. Fue condenado a muerte por el clero zoroástrico de la época, que no quería este retorno a las fuentes. Según ciertas tradiciones, en sus orígenes, los peregrinos hacía Santiago de Compostela utilizaban la concha como pequeño recipiente para poner agua y debían rezar mirando fijamente el reflejo del sol en esa agua.


Fosfenismo y zoroastrismo




En los misterios de Eleuis al iniciado se le recluía a en una cueva y debía mirar una antorcha para más tarde con los ojos vendados observar lo que pasaba en su campo visual, en ese momento debía pensar en una espiga de trigo. Desvelar el secreto estaba penado con la muerte. En Egipto fue Akenaton quien instauró el culto al sol, tras su muerte los sacerdotes hicieron desaparecer completamente las huellas de su recuerdo. Los emperadores chinos recibían el nombre de hijos del cielo porque según se decía obtenían su poder del cielo, la religión arcaica china era un culto del cielo luminoso. Los lamas tibetanos todavía hoy practicaban con frecuencia la observación fija del cielo luminoso y de las estrellas. Los emperadores japoneses eran llamados los hijos del sol, porque el sintoísmo es un culto solar. El buda pertenecía a un pueblo donde sus miembros se hacía llamar los descendientes del sol. En el mito Shinto la diosa del sol mandó a su sobrino a la tierra dándole un espejo y un mensaje: venera este espejo cómo nos veneras a nosotros. Los celtas practicaban la observación fija de los reflejos del sol en agua para desarrollar el don de la adivinación. En el monte Athos, célebre promontorio griego cubierto de monasterios fue citado por Herodoto como sitio monacal. Su vocación mística es, por consiguiente, anterior al cristianismo y fue cristianizado posteriormente. Es un fósil viviente de los métodos místicos prehistóricos. Todavía hoy, algunos monjes recitan la Biblia mirando fijamente el sol naciente y después proyectan la mirada en el ombligo.


Fosfenismo y eleusis


Puede que a estas alturas podamos convenir, la mayoría de nosotros, que la frase: Dios es la luz que guía a los hombres, puede, debe y tiene otro significado en este momento.

El Doctor Lefebure descubrió que cuando se mira fijamente una luz, «lámpara fosfénica» (es imprescindible trabajar con el material especializado creado por Fosfenismo para evitar riesgos oculares), aparece en el campo visual una imagen que denominamos fosfeno, esta imagen lejos de ser simplemente una imagen de persistencia retiniana es un elemento vinculado a nuestra actividad cerebral, psicológica, emocional y espiritual. Así pues trabajar con el fosfeno con los ejercicios de Fosfenismo,favorece la ideación, la concentración, la creatividad, la motricidad, la intuición, etc. etc. además de desarrollar las capacidades sutiles y espirituales del individuo. Es decir, potencia la inteligencia y la espiritualidad. Nada distinto a lo que nos han dicho todas las religiones pero esta vez con la posibilidad de comprender lo que hacemos, dirigir a nuestro antojo esa fantástica fuerza interior hacia el aspecto que creamos oportuno, con autonomía, sin restricciones, con la alegría propia que da la conciencia y el control que proporciona, sin dependencias, sin coartadas. Y todo ello de un modo, tan y tan fácil que parece increíble. Estamos acostumbrados a la pedantería de lo complejo a la subordinación de lo enrevesado y en ocasiones no alzamos la mirada para contemplar lo evidente, que cuando se manifiesta, golpea una y otra vez nuestra conciencia en forma de sensación, una sensación extremadamente familiar para los practicantes del Fosfenismo.


Fosfenismo y fosfenos


Piense en una casa. ¿Ya está? Bien, ahora esa imagen que está dentro de su cabeza, que usted sabe que está, pero yo no, demuéstreme que existe; su pensamiento es suyo y solo suyo, es una percepción subjetiva, pero como todos la vivimos la convertimos en objetiva. ¿Conoce algo que esté usted pensando o sintiendo que pueda exteriorizarse? Los teósofos hablaban de las formas-pensamiento, de algún modo se especula que si piensa en una casa en su campo vital se crea efectivamente una imagen de una casa. De acuerdo, pero, ¿puede usted prestarme su casa? No.

Vamos a imaginar que miramos la «lámpara fosfénica» del Doctor Lefebure, durante treinta segundos miramos una luz especial, extremadamente agradable, muy relajante y con unas características de temperatura de color y de espectro solar, excepcionales, de hecho se utiliza como luz natural; si pasado ese tiempo cerramos los ojos, en nuestro campo visual aparece un sol maravilloso, se manifiesta con vida propia, con un ritmo y con un constante devenir de colores que siguen unos patrones específicos vinculados nuestra actividad cerebral durante aproximadamente tres minutos.

Este sol interior, por cierto punto neurálgico de todas las iniciaciones, lo hemos visto usted el suyo y yo el mío, ¿correcto? De hecho como la casa. Lo que ocurre es que podemos demostrar, gracias a los trabajos del Doctor Lefebure, que tiene relación directa con el comportamiento mental, psicológico y espiritual de la persona, entendido esto, vamos a continuar jugando. Realizamos la experiencia una vez más, los dos miramos la «lámpara fosfénica» treinta segundos y miramos nuestro fosfeno durante tres minutos que es parecido al anterior, no igual, existen sutilezas en los colores, pero podríamos convenir que es parecido.

Ahora haremos un fosfeno usted y yo de nuevo, usted cerrará los ojos como anteriormente pero yo no, con los ojos abiertos voy a proyectar mi fosfeno sobre usted, exactamente igual que si, sobre usted pensara en mi casa, sólo que en esta ocasión voy a ver mi pensamiento, el fosfeno. Para su sorpresa su luz interior, su sol interior,  cambiará respecto a las experiencias anteriores de una forma excepcional, se verá claramente modificado, incluso, probablemente vea mi fosfeno dentro del suyo. No es todo. Frecuentemente la persona que realiza la experiencia siente unas sensaciones físicas muy marcadas.

Mi pensamiento se ha exteriorizado y ha sido capaz de modificar su fosfeno. Que espectacular, que impresionante, que caudal energético para utilizar. ¿Que fantástica energía es capaz de, tras treinta segundos, trasladarse e interactuar con una realidad externa de ese modo? La luz, el fosfeno, el Fosfenismo.

Esto que ya de por sí es absolutamente fantástico y revolucionario, no es nada comparado con el descubrimiento de que la energía de la luz, fosfeno, mezclada con un pensamiento, traslada toda la fuerza, toda la energía lumínica, esa capaz de exteriorizarse, al pensamiento asociado. Razón por la cual todas las culturas ha mirado la luz, jamás de un modo poético o marginal, nunca únicamente como elemento de supervivencia, siempre siempre como un acelerador de los procesos mentales y vitales. El problema  siempre ha sido que  hemos vivido la luz con intermediarios, chamanes, gurús, iluminados, y un largo, tedioso y conocido etc. y el coste de nuestro aprendizaje, de nuestra evolución, se ha encarecido, es lo que sucede normalmente con los intermediarios.


Dr. Lefebure


No hacemos nada sin nuestra mente, nuestras emociones y nuestro espíritu, así pues si el fosfeno las amplifica, ¿se imagina lo que podemos hacer con él? Todo. La luz es vida, la vida es luz. 

Si algo es complicado, no es interesante. El Fosfenismo no es complicado, es extenso; analiza todos los procesos de activación de la conciencia, la luz es uno de ellos pero no el único. Existen otros denominadores comunes en la historia evolutiva de nuestro cerebro utilizados por todas las culturas y religiones que el Fosfenismo explica y pone al alcance de todo el mundo.

Desde siempre los científicos, los físicos más concretamente, buscan sin cesar lo que denominan las leyes del todo, la teoría unificada, la superfuerza. Con la física cuántica están mucho más cerca de conseguirlo, actualmente se está hablando de la teoría de las cuerdas y de las supercuerdas que serían los elementos últimos responsables de la realidad tal y como la conocemos,. Lo que las leyes de la física pretenden ser al mundo cuántico son los descubrimientos fosfénicos al mundo espiritual y de expansión de la conciencia. Es absolutamente increíble que miles de científicos trabajen para comprender de que está constituida nuestra realidad física y ninguno se ocupe de las leyes que gobiernan nuestro desarrolló espiritual, es increíble que no se haya realizado ningún esfuerzo en buscar una síntesis de todo lo que el hombre a lo largo de la historia ha hecho para evolucionar mental y espiritualmente, excepto naturalmente, el Doctor Lefebure. El Fosfenismo explica todas las técnicas iniciáticas a la luz del razonamiento científico para ponerlas al alcance de todo el mundo. Nadie se había hecho eco del hecho de que todas las culturas hayan utilizado la observación cifra de puntos de luz, pero esta constatación ya de por sí importantísima, no sería nada sin la explicación científica del como y el porqué esa luz, anhelada por toda la humanidad, activa nuestro cerebro nuestra psique y nuestro espíritu.

Por esa razón no podemos hablar del Fosfenismo como una técnica más, como un método más, como una terapéutica más, del mismo modo que no podemos hablar de la física cuántica de vanguardia en términos de tendencia, de moda o de hipótesis, tanto uno como la otra escudriñan los cimientos, uno de la espiritualidad y la otra de la realidad física.

Se hace pues más evidente la frase con la que suelo terminar los prólogos de los libros editados al castellano: quien no haya quedado fuertemente impresionado por el Fosfenismo, es que no lo ha entendido.



Francesc Celma


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